lunes, 14 de marzo de 2011

Floración invernal de los alisos

Un puñado de chopos asoman sus desnudas copas en la parte inferior de esta imagen enteramente ocupada por las ramificaciones deshojadas de los quejigos que se alzan y contrastan en el cielo invernal, gris, frío y nublado de los primeros días de marzo.

Si los chopos son de los primeros en colorear los inicios del otoño, los quejigos son de los últimos en mostrar los tintes otoñales en sus hojas. Unos y otros aún andan adormilados para combatir el frío invernal, con su savia aguardando la llegada de temperaturas más benignas para despertar.
Mientras chopos, quejigos y la mayoría de los caducifolios dedican el final del otoño a dejar caer sus hojas, los alisos, árboles de ribera inseparables de los cursos fluviales, comienzan a producir sus flores.


Desafiando las bajas temperaturas, los alisos van desarrollando los amentos masculinos agrupando sus flores en forma de espigas colgantes y alargadas, y, por separado, las flores femeninas se agrupan formando unas piñitas más pequeñitas donde creceran los frutos tras la polinización. Los amentos masculinos y femeninos permanecen cerrados gran parte del invierno, pero antes de que éste concluya comienzan a polinizarse sin esperar la llegada de la primavera.
 
Detalle de los amentos masculinos, más grandes y alargados que los femeninos que aparecen en segundo plano con un color verde claro. En la imagen de laizquierda se ven las piñítas leñosas de color más oscuro que fructificaron la temporada anterior, aún pendientes de la rama, y se destacan los brotes de las hojas muy adelantadas y a punto de desplegarse.

El aliso es un árbol que puede llegar a medir 25 o 30 metros de altura y sobrepasar el siglo de edad. Es un árbol de ribera que soporta bien el frio y el calor, pero no es capaz de vivir alejado del agua. Puede habitar enraizado en las riberas de ríos y lagos desde el nivel del mar hasta los 1.700 metros de altitud. El tronco suele ser recto y rollizo con la corteza lisa verde grisácea que con los años se resquebraja y oscurece. Los alisos están tan unidos al agua que desde cualquier punto elevado es fácil adivinar por donde transcurren los cursos de los arroyos, siguiendo con la mirada las serpenteantes hileras de alisos por las hondonadas y preturas. Crecen en la misma orilla del agua, con sus retorcidas raíces al descubierto por el efecto de la erosión,  las cuales contribuyen a fijar el terreno evitando un desgaste mayor. En algunos lugares como Los Horcones, podemos encontrar ejemplares de alisos centenarios con gruesos troncos de hasta un metro de diámetro.
          
Aspecto invernal de ramas de aliso, y tronco se Aliso centenario en el lugar de Los Horcones.

2 comentarios:

  1. Mi comentario es que no hay comentarios ante estas maravillas que nos muestras, sólo sentimientos dificiles de explicar.

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  2. En las altas sierras castellanas de Burgos tambien a los brezos se les llama berezos

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