lunes, 28 de febrero de 2011

Chorros congelados

Acostumbrados estamos a ver imágenes invernales y heladoras de distintas zonas de la mitad norte, ya sea de ciudades o zonas montañosas, donde las temperaturas se desploman, y las nieves caen copiosas o se hacen permanentes. En cambio, en la mitad sur del país las imágenes de fuentes, ríos o aguas heladas no son tan habituales. Y por esa razón, cuando acontecen estos fenómenos en tierras menos frías resultan más llamativos y curiosos.
En la sierra del Hospital destaca un robusto cerro, de nombre Carbonero y de altitud 1.420 metros, en cuya parte central se abre la garganta nombrada "Hoya de los Chorros", debido a los chorros de aguas cristalinas que escurren y se deslizan por las rocas para terminar formando un arroyito, que juntará sus aguas con las de otros arroyitos serranos en el río Gualija, encargado de transportarlas hasta el Tajo.
Las gélidas temperaturas del pasado mes de enero y, más concretamente durante el fin de semana del 22 y 23, que dejaron congelado al país, también dejaron congelados estos "chorros" que manan de un berezal localizado a media ladera del cerro Carbonero, haciéndolos perfectamente visibles en la lejanía.
A temperaturas muy bajas el agua se congela fácilmente, sobre todo cuando son aguas quietas o serenas, pero en este caso se trata de aguas rápidas, corriendo por canales rocosos naturales de fuerte pendiente, lo que dificulta el proceso de congelación. Pero, esto no impide que, cuando se dan las condiciones climáticas adecuadas, la naturaleza consiga detener las aguas corrientes quedándolas quietas y atrapadas por las intensas y continuas heladas invernales, formando estos deslizantes toboganes de hielo.

Unas cuantas imágenes reflejarán este fenómeno mucho mejor que mis palabras.


 


    
  





viernes, 25 de febrero de 2011

La sierra del Hospital

Situada en el pueblo cacereño de Navatrasierra, la Sierra del Hospital,  es una cordillera paralela y separada del macizo de las Villuercas por el valle del río Ibor, cuya prolongación hacía el sur conforma la sierra de la Palomera, uniéndose ambas sierras en la cota más alta, coronada a 1.443 metros por el pico Cervales. Forma parte de un sistema montañoso muy erosionado debido a su antiquísmo origen, cuyos sucesivos plegamientos, erosiones y elevaciones del terreno dieron lugar a su característico relieve Apalachense.  

En su cara más solanera, orientada hacía el sur-oeste, los riscos se desmoronan en amplías pedreras alternadas con espesos robledales, dibujando altos cortados que coronan sus cimas más elevadas, ofreciendo una extensa vista al valle del Ibor y sierra de Villuercas. En la cara umbrosa, orientada al nor-este, más abrupta y con mayores desniveles, se abren numerosas gargantas, denomidas "hoyas", por las que chorrean arroyos que manan sin cesar de su interior, contribuyendo a que sus laderas y gargantas se encuentren repletas de vida vegetal y animal.
El pueblo de Navatrasierra tiene esta sierra visible en el horizonte, y sólo la pierde de vista cuando las nieblas que acompañan a los frentes lluviosos se apoderan de ella y la ocultan a la vista, mientras las nubes descargan las aguas que se filtran entre las pedreras y la nutren del elemento más vital para los seres vivos. 

De la misma manera, mís contínuas andanzas recorriendo los más escondidos rincones de esta sierra me nutren de la energía natural necesaria para sobrellevar mis cotidianas andanzas en la ciudad. Energía que se transmite a través de la observación y la admiración por cualquiera de las gratificantes imágenes que nos ofrece la naturaleza, y que, siempre que es posible, procuro guardar dentro de mi cámara fotográfica. Espero que estas pequeñas cosas que llenan mis sentidos, también os llenen un poquito.



Pasada la borrasca, las nieblas que quedan prendidas en la sierra comienzan a retirarse dejando visible el contorno de la sierra del Hospital