sábado, 22 de octubre de 2011

BELLOTAS Y BELLOTEROS

¿Cuales son los únicos árboles capaces de producir bellotas? la respuesta es simple, los árboles de la familia, mejor dicho, del género Quercus; y, ¿cómo se apellidan los árboles de este género?, simple es también la respuesta: Ilex, Suber, Robur y Faginea; sencillo ¿verdad?; ¡claro que sí!: Encina, Alcornoque, Roble y Quejigo son los árboles belloteros por excelencia.

 bellotas de encina - quercus ilex
Cada uno de estos árboles predomina en un ecosistema determinado. Por ejemplo las encinas son propias de las llanuras adehesadas extremeñas; algunas zonas montañosas son el hábitat ideal para el roble; otros terrenos de montes favorecen el crecimiento de los quejigos; y en zonas templadas y laderas soleadas crecen los robustos alcornoques. La Sierra del Hospital reúne todos los ambientes apropiados para la convivencia de estas especies, e incluso pueden convivir a un mismo nivel de suelo, los cuatro mezclados. De ahí radica su gran valor y riqueza forestal y vegetal, algo difícil de superar.
 
 bellotas de roble - quercus robur
De una gran riqueza alimenticia podemos considerar a esta familia de árboles belloteros, dado el gran aporte nutritivo que proporciona su fruto a un considerable número de especies animales, ya sean de pequeño porte o de gran porte, de pelo o de pluma, mochos o cornudos.  

 bellotas de quejigo - quercus faginea
 Las amargas bellotas, son roídas por los ratones de campo y pequeños roedores; son escondidas por los arrendajos para proveer su despensa invernal; son rebuscadas entre la hojarasca por el jabalí que tiene la habilidad de pelarlas usando sus dientes y colmillos, al igual que las castañas; están deliciosas para los domesticados paladares de cabras y cerdos; y resultan el mejor reconstituyente para los agotados ciervos, tras las batalladas jornadas de la berrea, que se pasan buena parte del día merodeando bajo los robles y encinas esperando la caída del fruto madurado. Si la caída de la bellota de roble de mayor grosor que las de sus cogeneres, al golpear con el suelo, resulta perfectamente audible para el oído humano, ni que decir tiene que no pasa desapercibido para el fino oído de los cérvidos
bellotas de alcornoque - quercus suber 
La bellota es el símbolo de Extremadura, y por eso los extremeños somos belloteros. Las llevamos en los llaveros, en pegatinas, posters y otros emblemas para identificarnos con nuestra región, y también las comemos, aquellas de encina que resultan algo dulces, y las bebemos, convertidas en licor. En fin, belloteros somos los extremeños, y belloteros son los animales que las aprovechan, y, por supuesto los árboles que las producen, encinas, robles, quejigos y alcornoques.
¡qué gran familia y qué grande es ser bellotero!
 

 

lunes, 17 de octubre de 2011

LA BERREA DEL CIERVO

El CIERVO es el señor de los montes de la Sierra del Hospital, codiciado por los cazadores por su cornamenta, y admirado por los amantes de la naturaleza por su belleza. Entrado el mes de septiembre, su cuerna ya alcanza su máximo esplendor, desarrollada a lo largo de todo el verano, después de haberla dejado caer en los comienzos de la primavera.

En los atardeceres de mediados de septiembre se va dejando entrever en los claros del bosque, donde se ha ocultado durante los meses más calurosos escondiendo la vergüenza de encontrarse desmochado y de verse renovando su cuerna perdida, su orgullo perdido por sentirse desarmado. Sabedor de que conseguirá una más grande, más fuerte y más poderosa, aguarda oculto entre los espesos matorrales, alimentándose pacientemente, hasta tener sus defensas totalmente desarrolladas para defender sus territorios y medir sus fuerzas con otros ciervos, poderosos adversarios, que le disputaran los derechos sobre su territorio y sus hembras. 





El final de la estación veraniega y el comienzo de la estación otoñal marca el inicio de la berrea, uno de los espectáculos sonoros y visuales más impresionantes de muchas serranías ibéricas. Durante las dos últimas semanas de septiembre la Sierra del Hospital se ve invadida por los profundos berridos emitidos por los venados desde lo más profundo de sus gargantas, que, encelados, reclaman a las ciervas en los claros del monte, mientras los machos aspirantes les provocan y asedian para desplazarlos y arrebatarles los honores de perpetuar la especie. Privilegio que sólo alcanzarán los más fuertes y vigorosos, los mejor dotados genéticamente, cómo así lo exige la vida salvaje en la naturaleza.

 Las largas jornadas de berrea que se prolongan sin descanso desde el atardecer hasta el amanecer, rompiendo la oscuridad de la noche con los roncos y profundos bramidos que no cesan y se propagan por cada rincón de los montes, dejando únicamente  las calurosas horas centrales del día para sestear y descansar, agotan a estos fabulosos animales que derrochan todas sus energías, acumuladas en su retiro veraniego, dedicados a la lucha por reproducirse que solamente ocurre una vez al año, cuando las ciervas se muestran receptivas durante el periodo de celo.
Transcurrida la primera semana del otoñal octubre la intensidad de la berrea va decayendo día a día,  hasta perderse en la lejanía los ocasionales bramidos de alguno de los machos que siguen marcando su territorio, rodeado de las ciervas que perpetuarán su sangre y sus cornamentas, transmitiendo su fuerza y valor para afrontar futuras berreas…