Corriendo por la superficie de las aguas claras de los arroyos, charcos y aguas estancadas podemos observar unos pequeños bichitos llamados vulgarmente “aclaradores” o más vulgarmente “aclaraores”. Estos insectos se sostienen en la superficie del agua apoyados en sus patas, no se sumergen, y son capaces de caminar y desplazarse rápidamente por la superficie, corriendo a toda velocidad para capturar otros pequeños insectos o huir en caso de peligro.
Se desliza sobre el agua apoyándose en su larguísimo segundo par de patas, mientras que el par posterior lo utiliza a modo de timón para ir en cualquier dirección; ambos pares poseen una almohadilla formada por pelos hidrofóbos, que consiguen formar una minúscula bolsa de aire sobre la superficie, lo que la mantiene en flotación constante. Además, no se apoyan en la punta de sus patitas, sino en el tramo final de sus patas poniéndolas planas sobre el agua, consiguiendo, de esta forma, una línea de flotación más amplía.
Las patas delanteras quedan libres y están atentas para la captura de otros pequeños insectos, de los que se alimenta con voracidad. De ahí deriva su nombre, por su misión de limpiar de pequeños insectos las aguas que habita. Pasan el invierno bajo la vegetación próxima al agua, y al principio de la primavera, la hembra deposita los huevos sobre las plantas acuáticas. Es posible verle sobre la superficie de las aguas dulces entre abril y noviembre, y aunque prefiere las aguas quietas, es capaz de nadar con firmeza en corrientes poco importantes.
Su verdadero nombre es zapatero común o zapatero acuático (guerris lacustris), habita en las aguas dulces de la península ibérica, mide entre dos y tres centímetros de longitud y tiene grandes antenas y grandes ojos.


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